viernes, 19 de noviembre de 2021

El dorso del espejo


I

Tengo un hueso idéntico al tuyo

Un pulso ajeno al molido pigmento de tu carne

Que se abre

Y  se estruja

 

Como mi hueso que crepita con el umbilical gemido del tiempo

 

Cuando mi hueso deshoja cáscaras de agua

 

II

Mi hueso es una campana que trina por las noches

Cuando se convierte en nido de serpientes

Y bala cuando el cuerpo pesa con todo el brillo desnudo del espejo

Y pregona la muerte hundida en tu sexo

Como cebolla que lagrimea la última luna llena tratando de entrar en tu ventana

 

III

Él no tiene hijos

Tiene ecos desollados como pianos

 

Que roncan como el mar en medio de tus piernas

 

Esas persianas que mecen la sombra poniente de los relojes

Él no tiene hijos

Solamente el aliento de la arena

La espuma erizada de tu vagina

La ansiedad de las maletas por llegar al pie de tu cama

No los tiene

Solamente poemas que nos nacieron entre cana y cana

En nuestras arrugas de vidriera cansada

 

Que laten sobre el papel que repica también la muerte

 

IV

El hueso puede ser corto como un latido

Como una bala que roza

El toque fortuito de tus sábanas blancas

 

Que tienen el plateado tamaño de nuestros sudores

Que también se parece a una bala

Vecina

O ajena

Con la cuadrada presencia de la luna

Que nada entre los huesos del espejo

 

Esos grabados de estrellas implacables

Como charquitos de mármol

Que aprendieron a ahogarse en las sillas

En el sofá de la sala

En esa viga dislocada donde cuelga el vaho poniente

Negro de la media noche

Que aprende a nombrar con tus uñas cada uno de mis huesos

También negros

Como cardos oscuros que sudan sobre el papel nuestras miserias

 

El dorso de tu espejo

El crujir de la calle cuando alguien se muere

Bajo la luz de los faroles

Ese espejo borroso del fémur que te llama

Y crea palabras descalzas

 

Esos hundidos fragmentos

De espinas

Que se alimentan del polvo

Del incienso solitario del barrio

 

Eso dorso donde habitamos

Con la ansiedad en el fondo de mi cenicero

También negra por el hollín de las horas apiladas

 

En ese dorso que amo

Como pez

Que aprendió a nadar en los pliegues de mi mano derecha

Mi mano de cazuela agria

Que también aprendió a matar en el fondo de los mares

El parpadeo de tus senos

El ruido del claxon de los coches

que se tambalean en las esquinas de las calles

 

Y que tiemblan por el vértigo del sueño

Cuando la pereza es una bombilla encendida en el reflejo de  ese espejo

 

V

El hueso es duro y se enciende

Se parece a un arpegio cuando el cansancio se avecina

Como un petrificado paisaje en la palabra silencio

 

Que construyo con la raíz del desvelo

Cuando el amor no tiene donde esconderse

Y te busca en la luz de la primavera

En la de mi pelo que de vez en cuando pega un aletazo

A la altura del deseo

De

Mi hueso feminista

Mi hueso taciturno

Mi hueso madre

Mi hueso que se come las uñas

Cuando el silencio suelta patadas en la esquina de la cama

Hueso triangular donde me hundo

Y dejo desplegado mi pulso de pañuelo para guardar los recuerdos

Hueso triangular que me hace guardar unas bragas bajo la almohada

Y me hacen preocuparme por la luna

Si ella proveerá de calor

Cuando mis huesos falten a su cita

Y solamente sean un halo que termine cariado por una nube

 

Que se parezca a mis tormentas

Y a las tuyas

O al caos que siempre termina asediándote por dentro

 

Tengo un hueso idéntico al tuyo

Y que apaga la sed del verano

Y se convierte en la símil temporal de la palabra deseo

 

 

 

 

 

 

viernes, 8 de octubre de 2021

Buenas noches Tegucigalpa

 

I

 

La noche era una legión de humo

                                   y granizo

                      una montaña de cuerpos

que apilaban el verbo del aire

 

La lucha era una ocarina sonora

con el jadeo del fuego

cuando las ambulancias se convierten en sirenas tartamudas

                                              cuando los semáforos sangran

 

Tegucigalpa canta

Con su asfalto quebradizo

con sus cementerios desterrados al pie de página

                                     de algún libro de historia

 

Canta su despedida de vibráfono afónico

                      de tanto llorar a sus muertos

                      al barro colérico de todos los inviernos

 

Canta con su nudo de cal

           cuando el exilio es una imantada caricia

                                               para los huesos

                                              de los negros

                                              los estudiantes

                                              los obreros

con su ajedrezado aliento

que de brasa en brasa cantan a la pira de porcelana

            que es la única compañera

                                     cuando empieza la lluvia

 

 

II

 

La noche es una bocanada

que engulle el latido luminoso

                              del rezo menguante

                              de las madres

 

 

III

 

Tegucigalpa ronca con la geometría del sueño

el vértice de la carne que grita

                                   y palpa su oscuro verso

                                   más allá de la muerte

 

Yo sólo puedo escribir para salvarla de las balas

de sus jaculatorias en la copa de los árboles

cuando braman el gas pimienta y el relámpago

 

Sólo puedo demorar su coro de piedra

 

 

 

 

 

IV

 

La ciudad es una gaviota que dispara

a la cabellera de hollín de los autobuses

borbotea el himno nacional en las alcantarillas

donde el supermarket se convierte

                                  en una burbuja para los suicidas

 

He descubierto en Tegucigalpa

el enardecido prodigio de la sangre

el peaje del padre que espera tras la pestilente pira

el cadáver de su hijo

la risa de palo de un presidente muerto

la triste historia de los ahogados del huracán Mitch

la agonía de las abuelas que tintinea con la campana

                     de las catedrales de la tristeza

 

La ciudad es un laúd bucólico

                            que le sonríe a los huesos

 

 

V

 

 

Hoy escuché el himno nacional

como un concéntrico recuerdo de la lágrima

el punto de partida

del que se marchó a formar un anillo

                                en el estanque

                                        en el sonido

                                       desamparado del desierto

 

El migrante canta su son irrepetible

en el murmullo de las cruces de Guatemala

                                              de Chiapas

                                              de Soconusco

                                              de Arriaga

                                              de Ciudad Juárez

en el lomo de la bestia que escucha

la llaga del muñón

            del luthier

            que también canta ese himno mutilado

 

Hoy lo escuché

pensando en ellos como la sorda oropéndola

                     que tañe

                     cómo morirá su sombra.

 

 

Noé Lima

Tegucigalpa, de la nueva era violenta, 2019.

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

EL CEROTE

La paloma de la paz lleva el temblor de la bruma en el pico el torvo mapa cantado sobre el humo de los dientes rotos el lamento mudo de la nieve/el estruendo del piano de Haydn sobre el mar

esa paloma se posa sobre la bandera de Honduras y la mía reclinada sobre el arpa tuerta de los labios desaparecidos en el alba o en el bostezo del cerote/que acostumbra los domingos a vetar decretos

a tocar el sueño ámbar de los desnutridos de la costa/ la bala en el cuerpo de Berta Cáceres o los desaparecidos en Soyapango que compara con una caries para su estadística cuando el retrato oficial comienza a contemplar las primeras grietas de su nombre

y el color rosa de su boquita florece con la geometría del sueño con la sombra de la embajada/entre el índice y el pulgar de Caín para halar del gatillo

y que las velas solamente muestran sus lunares tejidos en el suelo de las funerarias

Pienso en ese cerote como la centella del serrucho sobre el árbol que se resiste/ es un astro en el bosque dentado de la muerte/ su propia muerte como cuando caminas en la acera y lo aplastas como el verbo de ese odio que tiene apellidos familiares en los cementerios de níquel/ como el valor agregado de las dictaduras 

Pienso en esa paloma como una sílaba olorosa del paisaje atado a la cintura del pueblo y en el aforismo de ese cerote como puente de polvo hacia el olvido.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Piel.

Ayer,

mientras veía llover el tiempo y su ceniza,

escribí durante horas.

Pensé en las quejas del mar,

en el tacto de la arena

cuando quiere ser lámpara entre los harapos de la niebla.


Me fui a dormir desnudo con ojeras nuevas.


El papel se había convertido en piel.

sábado, 30 de mayo de 2020

La tormenta de George Floyd


Ayer mataron a George Floyd.
Le estrujaron el aire. Una horca de sal vendó sus ojos. Izó la arcilla respirada por sus ancestros, el sudario del encorvado invierno que también nos asfixia con el eco de una cisterna abandonada. Los parques reflejados ante el sonido de las campanas anuncian la voz de las piedras en el camino y la muerte.
Dejaron a su viuda con su corazón de ciruela como la fragante lumbre del llanto, donde el sol también acicala los huesos de las tempestades, su escarcha de mayo enseñando sus vocales al rocío, los helechos oscilantes ante el bostezo de la neblina.
Lo mataron y la ciudad ahora arde con el alba tartamuda sin poder deletrear el peso de las palomas.

lunes, 6 de agosto de 2018

BALADA PARA NORMA JEANE BAKER





El dentado esqueleto de la niebla
Oh Norma Jeane
Donde Júpiter orina a los gallos cuando se lamentan
Con sus rostros de talco
-Si podemos decir eso de la luna cuando la tierra gira-
Apenas te nombran
Con un aplauso de paloma ajada
Para recordar tu látigo rubio punzante como alfiler
Lo que ha quedado en la tumba
-La tuya-
Tu cabello con olor a lavanda
El encalado minutero que no se detiene
Con el apellido de tu abuela
La película de tus tetas al borde de ese silencio
Que pesa como un toro azul en pleno verano
El alba de salitre que navega en tu clítoris
Marchito como el desierto en el centro de los girasoles
Que anuncian la llegada del deseo con tus gemidos
Tu fémur que antes cruzó la frontera del azar en cada invierno
Oh Norma Jeane
Nervioso torso de nube
Puente entre la rosa y el plumero de la arena vestida de novia muerta
Temblor del agua ardiente en las cantinas del tercer mundo
Mano machacada de tanto masturbar a las penas
-Las mías y de mis amigos-
Oh Norma Jeane
Sálvame del chirriar celeste del agua
De las mariposas de tabaco que delatan mi ansiedad en los bares
Donde cuelga tu rostro amarillo como el whisky
Y al lado del poniente
El eco de tus manos pidiendo amor
A lo lejos como llamando también a la muerte
La mía.

jueves, 24 de mayo de 2018

Bitácora



Los relámpagos fugaces
Roen
Esfuman
El ardiente insomnio del invierno

-no dejo de pensar en el sexo de mi mujer-

Es como piedra minúscula que rueda húmeda entre mis yemas

Los ruiseñores de trapo que guardaron silencio
Cuando esa mujer lejana me dejó los ojos llenos de esquirlas
El amor por el puente de Brooklyn
El color negro por el acorde de Jack White
El adagio de plata que siempre guardaba entre mi torpe alfabeto

Mi taza de humo
Con su boca nublada nombrando mi café favorito
El amor y sus silabas
La sombra llena de trombas
Queriendo beberse los escombros de esos oboes
Que suenan necios en los huesos de mi cara

-Extraño el sexo de mi mujer
Sus labios de pentagrama
Sus mejillas de cierzo
Su lengua de contrapunto
Afinando la orquesta de ese dinosaurio encorvado
Que resucita mi tabique desviado

Extraño los monosílabos de sus huellas
Las sonoras onomatopeyas de sus dedos al nombrar los orgasmos
La inquietud del trueno
El concéntrico aliento del agua
Extraño
La luminosa ciudad de Nueva York
Que siempre menciona en sus novelas negras
Sus crímenes
Y el cortesano beso en el metro-

La lluvia siempre es una bitácora del tiempo en la boca de mi mujer
Con su relámpago que siempre pule su acento con su cintura.